Gracias, porque
te duele mi dolor,
porque te importa lo que me importa,
tan grande,
pero tan pequeño
que cabes dentro de mí,
Tan lejos, pero tan cerca,
creador infinito,
entre astros y estrellas,
planetas, constelaciones,
universos, mundos, cielos, mares,
tierras, esferas, atmósferas,
girando y girando sin parar.
Allí arriba, y por encima de todo,
estás tú, dueño de todo, creador
de todo.
Tú, omnipotente y omnisciente Dios,
estás aquí conmigo.
¿Quién soy yo?
¿Quién soy yo pa ra que pienses en mí,
en mi vida, en mis pequeños asuntos,
mi insignificante día a día,
mis razonamientos,
mi cabezonería,
mis meteduras de pata.
Qué amor es este que me vuelve loca,
que me deja literalmente
sin argumentos,
porque no tiene sentido alguno,
me deja sin fuerza,
no puedo resistirlo, y no tengo otro remedio que amarte,
adorarte y agradecerte. ¡Gracias por tu eterno, magnífico,
asombroso e incomprensible
amor!
¡Gracias por mis ojos,
los ojos co n los que puedo ver
lo que ahora te escribo!
Ojos de los que tú has enjuagado cada
lá grima
que recorrió mi rostro
e inundó mis mejillas.
Lágrimas y lágrimas.
Detrás de cada lágrima
hay una historia, una en señanza,
una batalla ganada o perdida.
Tú usaste cada lá grima
para enseñarme algo.
¿Dolieron? Sí, dolieron.
Pero sé que tú tienes mis
lá grimas en tu redoma.
Sé que las lágrimas no fueron en balde,
no cayeron en el olvido,
tú siempre estuviste allí,
cambiando mi lamento en baile,
mi dolor por alegría,
mi tristeza en carcajadas.
Benditas lágrimas
que me acercaron más a ti,
haciéndome dependiente por completo,
gracias por los procesos
tan importantes como necesarios,
tan necesarios
que si tú no los hubieras permitido
no sería quien soy ahora.
Gracias por enseñarme algo distinto
en cada etapa de mi vida.
Gracias por tomarte el
tiempo de enseñarme.
Gracias por sacar cosas extraordinarias
de momentos ordinarios de mi vida,
gracias por las oportunidades,
por la oportunidad que me das ahora
mismo de dirigirme a ti,
gracias porque nunca,
nunca te has cansado de esperar por mí.
Creo que eso es lo que más me asombra de ti,
el hecho de que no importa
cuántas veces falle,
tus brazos siempre están
abiertos para abrazar.
tu boca siempre está
lista para decirme
te amo, te perdono, levántate, vamos otra vez,
y otra vez, y otra vez, y otra más.
Tu corazón palpita y
salta de amor
cada vez que decido volver a ti.
Y lo más loco es que por más fallos que tenga,
contigo nunca pierdo la credibilidad.
Tú me crees cuando te digo
Prometo servirte y serte fiel
Aún sabiendo que te volveré a fallar
Es tan asombroso
Que mi mente pequeña y mi corazón
No lo pueden concebir
Cuántas oportunidades Padre bueno
No es mi medida sino tu medida
Cristo en mí, esperanza de gloria.